Hablar de saneamiento ambiental no significa únicamente disponer de agua potable y alcantarillado. Implica una gestión integral que comprende el abastecimiento de agua segura, la disposición sanitaria de excretas, el tratamiento de aguas residuales, la gestión adecuada de residuos sólidos, el control de la contaminación y la promoción de prácticas de higiene.

La situación del saneamiento en el Perú

Durante los últimos años, el Perú ha registrado avances en la cobertura de los servicios de agua y saneamiento. Sin embargo, todavía existen brechas importantes.

Según una nota técnica publicada por la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass) en 2026, entre 2015 y 2025 la cobertura nacional de agua potable pasó de 88,2 % a 90,4 %, mientras que la cobertura de saneamiento básico aumentó de 71,9 % a 80,0 %. A pesar de este progreso, en 2025 aproximadamente 3,3 millones de personas todavía no tenían acceso a agua potable y 6,9 millones carecían de saneamiento básico.

Estas cifras muestran que el problema no consiste solamente en construir infraestructura. También es necesario garantizar que los sistemas sean sostenibles, que el agua suministrada tenga la calidad adecuada y que las instalaciones funcionen correctamente a lo largo del tiempo.

El desafío es mayor en las zonas rurales

Uno de los principales retos del país se encuentra en las comunidades rurales y centros poblados dispersos.

Un diagnóstico presentado por Sunass en 2026 analizó la prestación de los servicios de agua potable y saneamiento en 80 720 centros poblados rurales. El estudio señala que, aunque más de siete millones de personas acceden al agua en estas zonas, continúan existiendo dificultades relacionadas con cobertura, calidad, cloración y sostenibilidad de los sistemas.

Esta realidad demuestra que aumentar la cobertura no es suficiente. Un sistema de abastecimiento puede existir físicamente, pero si no recibe mantenimiento, carece de una adecuada desinfección o presenta interrupciones frecuentes, el beneficio sanitario para la población se reduce considerablemente.

Por ello, el saneamiento rural necesita soluciones adaptadas a cada territorio, acompañadas de asistencia técnica, educación sanitaria, monitoreo de la calidad del agua y fortalecimiento de las organizaciones responsables de administrar los sistemas.

Agua segura: cantidad y calidad

El acceso físico al agua debe ir acompañado necesariamente de condiciones que garanticen su calidad para consumo humano.

La vigilancia de las plantas de tratamiento constituye, en ese sentido, una actividad fundamental. Sunass informó que durante 2025 fiscalizó 123 de las 143 plantas de tratamiento de agua potable consideradas a nivel nacional, equivalente al 86 %, y estableció como objetivo alcanzar el 100 % durante 2026. Estas acciones incluyen la revisión de infraestructura y equipos, así como procesos de coagulación, medición de caudal y desinfección.

La calidad del agua debe entenderse como un componente central del saneamiento ambiental porque una infraestructura que distribuye agua sin las condiciones sanitarias necesarias no garantiza por sí misma la protección de la salud.

Aguas residuales: de problema ambiental a recurso

Otro desafío fundamental es el tratamiento y disposición de las aguas residuales.

Cuando las aguas servidas son descargadas sin un tratamiento adecuado pueden deteriorar ríos, quebradas, lagos, suelos y ecosistemas, además de generar riesgos sanitarios para las poblaciones ubicadas aguas abajo.

Sin embargo, las aguas residuales correctamente tratadas también pueden convertirse en un recurso aprovechable.

En esta línea, el Perú viene incorporando principios de economía circular en los servicios de agua potable y saneamiento. En 2025, el Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento aprobó el Plan de Implementación de la Hoja de Ruta hacia una Economía Circular en Agua Potable y Saneamiento al 2030.

Entre sus metas se encuentra reutilizar el 20 % de las aguas residuales en actividades productivas o de servicios, aprovechar el 15 % de los biosólidos para recuperación de suelos o actividades agrícolas e impulsar acciones de conservación de fuentes hídricas en empresas prestadoras de servicios de saneamiento.

Este enfoque representa un cambio importante: pasar de una lógica basada únicamente en captar, utilizar y desechar el agua hacia un modelo que busca recuperarla, reutilizarla y aprovechar los subproductos derivados de su tratamiento.

La gestión de residuos sólidos también forma parte del saneamiento ambiental

El saneamiento ambiental no puede analizarse únicamente desde la perspectiva del agua.

Una gestión inadecuada de los residuos sólidos puede contaminar el suelo y los cuerpos de agua, generar malos olores, favorecer la presencia de vectores y deteriorar los ecosistemas.

El Ministerio del Ambiente informó que viene desarrollando inversiones para modernizar la gestión de residuos sólidos en diferentes partes del país. Entre las intervenciones destaca infraestructura destinada a mejorar la disposición final y reducir las brechas existentes en esta materia.

Por esta razón, las municipalidades cumplen un papel fundamental en la limpieza pública, segregación, recolección, valorización y disposición final adecuada de los residuos.

¿Qué necesita el Perú para mejorar su saneamiento ambiental?

El cierre de las brechas requiere combinar inversión en infraestructura con una adecuada gestión técnica y ambiental.

El país necesita ampliar y rehabilitar sistemas de agua potable y alcantarillado, fortalecer el tratamiento de aguas residuales, garantizar la calidad y continuidad del agua, mejorar la gestión de residuos sólidos y desarrollar soluciones específicas para comunidades rurales y dispersas.

También resulta indispensable fortalecer las capacidades de municipalidades, organizaciones comunales y empresas prestadoras, incorporar tecnologías apropiadas para cada realidad territorial y establecer sistemas permanentes de monitoreo.

El reto financiero es considerable. En 2025, Sunass estimó que se requerirían alrededor de S/138 mil millones en inversiones durante los siguientes 30 años para cerrar las brechas de agua potable y saneamiento dentro del ámbito de las empresas prestadoras analizadas por el regulador.

El saneamiento ambiental es una inversión en desarrollo

Invertir en saneamiento ambiental significa mucho más que construir tuberías, plantas de tratamiento o rellenos sanitarios.

Significa proteger las fuentes de agua, disminuir la contaminación, reducir riesgos para la salud, recuperar ecosistemas y crear mejores condiciones para el desarrollo económico y social de las comunidades.

El Perú ha conseguido avances importantes, pero las cifras muestran que todavía existe una brecha considerable, especialmente en saneamiento básico y en determinados territorios rurales.

El desafío de los próximos años será pasar de una visión centrada principalmente en infraestructura hacia una gestión integral, sostenible y territorial del saneamiento ambiental, donde la calidad del servicio, la protección de las fuentes de agua, el tratamiento y reúso de aguas residuales, la gestión de residuos y la participación ciudadana formen parte de una misma estrategia.

Garantizar agua segura, saneamiento adecuado y ambientes saludables no debería considerarse solamente una obra pública: es una condición esencial para construir un Perú más saludable, sostenible y resiliente.